La fuerte revalorización del Ibex en el último año plantea una gran cuestión: ¿estamos ante un episodio puntual de sobreperformance o existen fundamentos suficientes para que esta fortaleza pueda extenderse en 2026 y más allá?
La bolsa española ha sido el mejor mercado desarrollado en 2025: el IBEX 35 con dividendos ha alcanzado un retorno total del 55%. Y no se trata de un episodio puntual. Si echamos la vista atrás a 2023 y 2024, el Ibex con dividendos ha tenido un comportamiento muy superior al de las bolsas europeas, e incluso ha sido mejor que el S&P 500 en 2023.
Respecto a si esta tendencia de sobreperformance puede continuar, mi visión es que sí. Para nuestro mercado ha sido clave la normalización de los tipos de interés. El fin de los tipos cero o incluso negativos ha supuesto un catalizador muy relevante para el sector financiero, que tiene un peso muy significativo dentro del índice. De cara a 2026, nuestro escenario central contempla unos tipos de interés estabilizados en torno al 2%, lo que implica que el contexto seguirá siendo favorable desde este punto de vista. Y, si ampliamos el horizonte temporal, observamos una serie de factores que apuntan hacia un entorno de inflación estructuralmente más elevada y, por tanto, de tipos de interés razonablemente más altos que en la década anterior. Entre estos factores se encuentran el proteccionismo, el estímulo fiscal, la descarbonización de las economías, la relocalización de los centros de producción y la inversión en inteligencia artificial. Aunque esta última generará mejoras de productividad, en el corto plazo las fuertes inversiones están provocando cuellos de botella. En conjunto, por el lado de los tipos —clave para nuestro mercado por el peso del sector financiero— el escenario sigue siendo positivo.
Por otro lado, es importante analizar el crecimiento de la economía española, que desde 2022 está creciendo de forma sostenida muy por encima de la zona euro. Anticipamos que esta tendencia puede continuar, ya que los motores que han impulsado el PIB siguen vigentes. Contamos con una demografía favorable, creación de empleo, un consumo privado robusto y un fuerte crecimiento de la inversión pública y privada en sectores estratégicos como las infraestructuras y la transición energética. A ello se suma una ventaja diferencial en el coste de la energía, un déficit fiscal que se está moderando gracias al crecimiento nominal y un sector turístico muy relevante. De hecho, Caixabank Research acaba de publicar un informe sobre el turismo en el que prevé un crecimiento del 2,5% este año y del 2,7% en 2027. Se trata de un crecimiento más normalizado tras el fuerte repunte posterior a la pandemia, pero sostenido y de mayor valor añadido. Con todo ello, estimamos que la economía española puede mantener tasas de crecimiento cercanas al 2% e incluso ligeramente superiores hasta 2028.
Si a este escenario se añaden unas expectativas de crecimiento de beneficios conservadoras, una rentabilidad por dividendo superior a la media europea y unas valoraciones atractivas tanto en términos absolutos como relativos frente a otros mercados europeos, la bolsa española queda bien posicionada, incluso tras el rally reciente, para beneficiarse de potenciales entradas de flujos de capital hacia los mercados europeos.
En un entorno marcado por los movimientos y amenazas de Donald Trump, mayor ruido geopolítico y más volatilidad en los mercados, ¿cómo se traslada hoy esa visión macro a la gestión del fondo CaixaBank Bolsa Gestión España y qué variables son las más determinantes en la toma de decisiones de inversión?
Es cierto que la volatilidad complica la gestión, pero también genera oportunidades. El ruido, si realmente es solo ruido, hay que filtrarlo y centrarse en los fundamentales. Ahora bien, también es necesario analizar si ese ruido tiene implicaciones más profundas, porque en ese caso es imprescindible adaptar las carteras. En el ámbito del riesgo geopolítico, lo que estamos observando es que está impulsando una mayor tendencia al proteccionismo y a la búsqueda de autonomía estratégica por parte de los grandes bloques económicos, especialmente en sectores clave como la defensa, la energía y la tecnología.
Todo este contexto nos ha llevado, por un lado, a reforzar nuestra visión positiva sobre el sector de las utilities, ya que se trata de un sector que ya se beneficia de la transición energética y de la electrificación de las economías, pero que además, en el entorno actual de riesgos geopolíticos, carrera tecnológica e inteligencia artificial, se encuentra en plena revolución electrotecnológica. Esta revolución se apoya en tres grandes vectores que se retroalimentan entre sí y que son especialmente favorables para el sector. El primero es el suministro, con una inversión masiva en energías renovables que no solo va a reducir el coste de generación, sino también la dependencia de Occidente respecto a países productores de hidrocarburos. El segundo son las conexiones, ya que se están realizando fuertes inversiones en infraestructuras necesarias para la digitalización de las redes, el desarrollo de baterías y la capacidad de transportar y almacenar energía de forma eficiente y flexible. El tercer vector es la demanda, que está repuntando de manera sustancial a medida que se electrifican más usos finales, como los vehículos eléctricos, las bombas de calor y otros muchos ámbitos. Todo este entorno refuerza claramente el atractivo del sector de las utilities en nuestras carteras.
En segundo lugar, también mantenemos una visión positiva sobre Indra. Se trata de una compañía que está inmersa en un proceso de transformación, pasando de un perfil muy cíclico, volátil y de bajo valor a convertirse en un líder nacional en defensa con un enfoque creciente en software. Este cambio supone una modificación relevante de su perímetro, de su perfil de beneficios y de su valoración. Indra está liderando la inversión estratégica de España en defensa, en un contexto en el que el gasto en este ámbito está aumentando del 1,4 al 2% del PIB y previsiblemente seguirá creciendo en el futuro. Este entorno de mayor riesgo geopolítico resulta claramente favorable para la compañía.
En tercer lugar, recientemente nos está llevando a ser más constructivos con el sector de las acereras. Aquí lo que observamos es un cambio regulatorio relevante, ya que el acero es un sector estratégico y la Unión Europea está modificando su marco estructural con dos medidas que serán muy positivas para el sector. Por un lado, se están imponiendo cuotas a las importaciones de acero asiático, de modo que, si se superan, dichas importaciones estarían sujetas a aranceles muy elevados. Por otro lado, a partir de 2026 entrará en funcionamiento el CBAM, un mecanismo por el cual la Unión Europea obligará a los importadores de acero de terceros países a adquirir certificados de emisiones de CO2. Estas medidas son muy positivas para las acereras europeas, ya que restringen la oferta de acero importado, elevan el coste marginal y contribuyen a anclar los precios y los márgenes del sector en niveles estructuralmente más altos.
En definitiva, es cierto que hay ruido en los mercados, pero también hay implicaciones reales, y es fundamental incorporarlas de forma activa en la gestión de las carteras.
El Ibex 35 con dividendos logró en 2025 una rentabilidad del 55%, mientras que Caixabank Bolsa Gestión España lo superó y rozó el 58%. Teniendo en cuenta que el fondo mantiene una elevada correlación con el Ibex, ¿dónde se genera exactamente el alfa y cómo se materializa el valor añadido de la gestión activa frente a una aproximación indexada?
El alfa se genera fundamentalmente a través de nuestro estilo de gestión, que es flexible, dinámico y táctico. Se basa, por un lado, en criterios top-down o macro para definir la exposición sectorial y, por otro, en criterios bottom-up o micro para la selección de valores dentro de una cartera concentrada.
La flexibilidad es un elemento clave, ya que el fondo es referenciado. Esto implica que no estamos sujetos a los límites generales de concentración que se aplican a los fondos de gestión activa no referenciados, conocidos como la regla 5-10-40. En estos fondos, no se puede tener más de un 10% en un solo valor y la suma de las posiciones superiores al 5% no puede exceder el 40% del total de la cartera. En nuestro caso, al ser un fondo referenciado, estas restricciones no aplican y el único límite que tenemos es no superar el 20% de exposición a un mismo emisor. Esta estructura nos aporta una gran flexibilidad y nos permite asumir desviaciones muy significativas respecto a los pesos de los valores en el índice, en función de nuestras convicciones. Además, es una condición necesaria para poder batir al índice, que es nuestro objetivo. Hay que tener en cuenta que el Ibex 35 tiene una composición muy particular: cuatro valores pesan individualmente más del 10% y, en conjunto, superan el 50% de la capitalización del índice.
Por otro lado, se trata de una gestión muy dinámica, ya que el proceso de inversión parte siempre de la macro hacia la micro. Comenzamos analizando la macro doméstica, la macro global, los movimientos geopolíticos y las megatendencias estructurales. A partir de este análisis definimos la exposición sectorial. Posteriormente, dentro de cada sector, seleccionamos los valores individuales. En la selección de compañías buscamos, siempre que es posible, que cumplan tres criterios. En primer lugar, unos buenos fundamentales, con un modelo de negocio sólido y una valoración razonable. En segundo lugar, el momentum, es decir, que el ciclo de beneficios se encuentre en un punto de inflexión positivo. Y, en tercer lugar, un buen aspecto técnico; analizamos, por ejemplo, la fortaleza del precio de la acción y si está marcando máximos relativos en los últimos tres meses, un factor que consideramos muy relevante.
Además, la gestión es claramente táctica, ya que prestamos mucha atención al posicionamiento y a los flujos. El posicionamiento es clave, porque puede ocurrir que un valor o un sector mantenga buenos fundamentales pero esté puntualmente sobrecomprado. En ese contexto, cualquier noticia negativa, por pequeña que sea, puede provocar reacciones muy agresivas en el precio. Por ello, en determinadas ocasiones preferimos reducir exposición a sectores que siguen gustándonos estructuralmente, con el objetivo de volver a entrar más adelante a niveles más atractivos. Por último, analizamos de forma constante los flujos de inversión, ya que nos interesa entender hacia dónde se están moviendo los inversores.
En conjunto, creemos que la combinación de una gestión flexible, dinámica y táctica es lo que explica el comportamiento diferencial del fondo frente a su índice de referencia y frente a otros fondos de la competencia.
El sector financiero supera el 40% del peso del fondo. ¿Qué mecanismos utilizan para mitigar el riesgo de una corrección sectorial y evitar que impacte de forma desproporcionada en el conjunto de la cartera, teniendo en cuenta variables como los tipos de interés o la regulación bancaria?
Los fundamentales son siempre lo primero. Si existe convicción en los fundamentales y las razones que justifican un posicionamiento elevado en el sector siguen vigentes, eso es lo que prevalece. En ese contexto, las correcciones, siempre que los fundamentales no hayan cambiado, se interpretan como oportunidades de compra. Dicho esto, también es cierto que, si en un momento determinado observamos que el sector, aun gustándonos estructuralmente, se encuentra muy sobrecomprado, podemos optar por reducir exposición de forma táctica para intentar volver a comprar a niveles más atractivos. En la actualidad mantenemos una posición muy significativa, en torno al 40%, ya que el sector pesa aproximadamente un tercio en el índice y nuestra visión sigue siendo positiva. Creemos que todavía queda recorrido, a pesar del rally acumulado.
Además, la cartera no depende exclusivamente del sector bancario. Contamos con una exposición relevante a utilities, que pesan en torno al 20%, y con una amplia diversificación a través de otras compañías líderes en sus respectivos sectores. Aunque la bolsa española tiene un peso reducido en el contexto global, dentro del mercado español existen empresas de referencia. Es el caso, por ejemplo, de Inditex, Iberdrola, Ferrovial, IAG o MERLIN Properties, entre otras, que nos ofrecen múltiples opciones de diversificación.
Por último, aunque la vocación del fondo es estar invertido principalmente en compañías del Ibex 35, el hecho de ser un fondo referenciado nos permite un amplio margen de maniobra. El requisito de mantener una correlación mínima del 85% con el índice deja espacio suficiente para invertir en compañías de menor capitalización e incluso en valores fuera del propio índice, lo que nos permite diversificar adicionalmente la cartera y gestionar mejor el riesgo sectorial.
BBVA es actualmente la principal posición del fondo. Teniendo en cuenta las claves de vuestro proceso de selección, ¿qué elementos diferenciales justifican esta preferencia frente a otras entidades financieras, incluida CaixaBank?
Nosotros siempre medimos las posiciones en términos relativos y no absolutos, porque nuestro objetivo es batir al índice de referencia. En ese sentido, estamos positivos tanto en BBVA como en Caixabank. De hecho, nuestra visión es favorable para todo el sector bancario en general.
Durante 2025 hemos mantenido una posición muy significativa en el sector porque veíamos un claro potencial de expansión de múltiplos. Parte de ese movimiento ya se ha materializado, pero seguimos pensando que todavía queda recorrido. Creemos que el sector va a experimentar una aceleración adicional en el crecimiento del beneficio por acción y que la velocidad de crucero probablemente no se alcanzará hasta 2027. Esto debería venir acompañado de revisiones al alza de las estimaciones de beneficios por parte de los analistas, tanto en términos absolutos como en términos relativos frente al mercado.
Además, este crecimiento se está produciendo en un entorno de rentabilidades sobre capital muy elevadas. Estos niveles de rentabilidad se traducen en una mayor generación de valor en libros, lo que pone de manifiesto que la valoración del sector sigue siendo atractiva. Creemos que el sector bancario se encuentra inmerso en un círculo virtuoso: contamos con un crecimiento del PIB en torno al 2%, niveles de morosidad muy bajos, tipos de interés estabilizados alrededor del 2% y una curva de tipos con pendiente positiva.
A todo ello se suma una palanca adicional muy relevante, que es el crecimiento del crédito. Tras 15 años de desapalancamiento tanto del sector público como del privado —hogares y empresas—, pensamos que el crecimiento del crédito será la siguiente gran fuente de crecimiento para el sector bancario. De hecho, los datos publicados por el Banco de España muestran que los libros de préstamos están creciendo mes a mes, algo coherente con un escenario en el que la economía crece en torno al 2% en términos reales y entre un 2% y algo más en inflación, lo que implica un crecimiento nominal del 4% o 5%. Por tanto, el entorno para el sector es muy favorable.
A esto hay que añadir que la rentabilidad total para el accionista, vía dividendos y recompras, es de las más elevadas de Europa. En términos de valoración, el sector bancario está cotizando en torno a 10 veces beneficios a 12 meses, frente a un Stoxx 600 que cotiza aproximadamente a 15 veces. Si miramos ciclos de crédito positivos anteriores, como el periodo 2005-2007, los bancos españoles cotizaban a múltiplos de 12 o 13 veces, lo que implicaría todavía un potencial adicional cercano al 20%.
En definitiva, aunque seguimos de cerca la evolución del entorno, creemos que el sector bancario en su conjunto continúa siendo muy atractivo y que todavía ofrece recorrido.
A cinco años, el fondo presenta una rentabilidad media anual cercana al 21%, lo que refleja una notable consistencia más allá del excelente comportamiento de 2025. ¿Qué factores estructurales explican esta capacidad de generar valor de forma sostenida?
Además del estilo de gestión flexible, dinámico y táctico, es fundamental destacar el know how, el conocimiento y la experiencia del equipo gestor de renta variable española de CaixaBank AM. Somos tres gestores y los tres llevamos prácticamente 25 años gestionando bolsa española. Conocemos muy bien las compañías en las que invertimos y hemos vivido tanto fases de fuerte expansión como periodos de crisis en los mercados, lo que nos permite entender mejor su funcionamiento y los cambios estructurales que se han producido a lo largo del tiempo. Cuando comenzamos, el mercado estaba dominado casi exclusivamente por fondos long only. Hoy, en cambio, hay un peso mucho mayor de hedge funds, fondos sistemáticos, fondos macro y estrategias de volatilidad. Este cambio es muy relevante porque tiene un impacto directo en los flujos de mercado, y conocer bien estas dinámicas es clave para la gestión.
También es importante resaltar el trabajo en equipo con el resto de gestores de renta variable de la casa, especialmente con los equipos de Europa y de mercados globales. En el ámbito europeo, los gestores estamos organizados por sectores, de modo que cada uno es especialista en un sector concreto. Esto nos aporta a los gestores de bolsa española una perspectiva comparativa muy valiosa, ya que nos permite analizar cómo se posicionan nuestras compañías frente a sus comparables europeos dentro de cada sector. Por ejemplo, no solo analizamos si Iberdrola es atractiva en términos absolutos, sino también si lo es más o menos que compañías como RWE o E.ON.
Asimismo, la colaboración con otros equipos dentro de la gestora, como el equipo de renta fija, es clave. Los seguimos muy de cerca, en primer lugar porque cuentan con un alto nivel de especialización y, además, porque su visión sobre los tipos de interés y la curva de tipos es especialmente relevante para el mercado español, dado su perfil sectorial.
Por último, trabajar en una entidad que cuenta con el mayor volumen de patrimonio nativo bajo gestión en España tiene ventajas claras. Ese liderazgo atrae talento de primer nivel y genera un ecosistema de conocimiento del que nos beneficiamos todos los que formamos parte de CaixaBank AM, lo que contribuye de forma estructural a la consistencia en la generación de valor del fondo.
Mirando hacia adelante, ¿qué riesgos y oportunidades identifica en la bolsa española y qué debería vigilar especialmente un inversor que busque exposición a este mercado?
En el momento actual, el principal riesgo sería la aparición de un shock externo que altere las dinámicas tan positivas de crecimiento que presenta la economía española. Asimismo, es clave vigilar que Europa adopte las medidas necesarias para mejorar la competitividad del bloque, ya que, en un contexto marcado por crecientes tensiones geopolíticas, una falta de avances en este ámbito podría ralentizar el crecimiento futuro de las empresas españolas.
En cuanto a las oportunidades dentro del mercado, destacan las compañías con mayor exposición al crecimiento interno, así como aquellas que se benefician de megatendencias estructurales como la transición energética y la digitalización. También resulta fundamental monitorizar la evolución de los datos de crecimiento de la economía española y, de manera especial, la demografía, ya que el crecimiento de la población constituye un elemento diferencial frente a otros países europeos.
Otro factor relevante es el comportamiento del sector turístico, dada su importancia para la economía nacional, cuyas perspectivas siguen siendo positivas. Además, será importante observar cómo las empresas españolas están incorporando y adoptando la inteligencia artificial, un aspecto clave para su competitividad futura.
Por último, conviene seguir de cerca las medidas que se adopten en España para abordar retos como la crisis de la vivienda, así como la política monetaria del Banco Central Europeo, en particular la evolución de los tipos de interés. En plena temporada de resultados, también es esencial analizar la evolución de los beneficios empresariales y comprobar si las compañías cumplen o mejoran las expectativas. Todo ello sin perder de vista las valoraciones, que, aunque actualmente siguen siendo atractivas en la bolsa española, deben vigilarse, ya que, en última instancia, todo activo tiene un precio.